La Máquina
Cap. 2
Al acercarme a este aparato, ansioso por vivir esa experiencia pero nervioso por no saber lo que me esperaba, se veía cómo mis ágiles parpadeos, que alcanzaban las ciento veinte veces por minuto aproximadamente, remarcaban mi tenso estado. La tendencia a apretarme fuertemente los dedos unos contra otros y a transpirar como una cascada influía también en la descripción de mis sentimientos en aquel momento. Aquellos síntomas desaparecieron poco a poco al escuchar la voz de alguien conocido, alguien que había estado allí todo el tiempo, pero del que me había olvidado completamente: Sergio.
-Solo debés saber algo -dijo, con el mismo tono serio casi amargo que lo caracterizó desde la primera vez que lo oí hablar-. Esta máquina, a la que decidimos llamarla "Máquina del tiempo" -como verán, un título muy
original-, teletransporta al pasado únicamente lo que se coloca dentro suyo y no a sí misma. De modo que vas a quedar atrapado en el tiempo hasta que encuentres la manera de corregirlo. Esto es todo lo que sé, lo demás lo vas a tener que averiguar vos.
Volví a paso lento, aunque algo más veloz que antes, con mi camino hacia lo tan desconocido para mí como lo era yo para lo que me esperara allá. Tres pasos faltaban para llegar a mi destino, en donde finalmente entraría, contemplaría la puerta automática cerrarse y esperaría a que alguien apretase el botón mágico que me llevaría en un abrir y cerrar de ojos a un extraño lugar.
Un muy, muy extraño lugar. Solo se observaba blanco, blanco y más blanco; y unas pequeñas manchas negras a lo lejos. Traté de hacer equilibrio sobre un piso angosto como mi cintura y largo como nada en el mundo, que parecía ser lo único de lo que me podía sostener para no desaparecer en el vacío. Era como una baldosa extensísima que nunca llegaba a un fin. Es decir, sí, llegaba a un fin, y era justamente donde estaba parado. Pero no tenía principio. Luego de un movimiento hacia atrás para salvarme de una caída que podría haber terminado conmigo (aunque a esta altura no lo sé, ya que afortunadamente no caí), me estabilicé, miré hacia mi izquierda y acto seguido me acomodé como pude en el suelo. Al apoyarme, sentí que algo me pinchaba en el traste. Me paré bruscamente y miré hacia abajo; lo que me había producido ese tremendo dolor del que me intentaba curar masajeándome era un palito muy, muy finito; parecía una línea dibujada en el aire, apoyada sobre la baldosa. Tenía al costado un diminuto número que flotaba en el espacio: el cincuenta y ocho. Arrastré mi mirada para ver que habían miles y millones de estas líneas, todas idénticas a la primera, con la única diferencia que unas eran más largas que otras. Todas y cada una de ellas tenían a un lado un número, colocados en orden de menor a mayor: primero el uno, después el dos, seguido del tres, y así. Las primeras rayas, las más cortas, iban del uno al cincuenta y nueve. Al terminar éstas venía una un poco más grande, pero volvían a aparecer las anteriores, que al llegar la última (la cincuenta y nueve, como dije anteriormente) regresaba la grande. Continuaban así hasta llegar a una más grande que las otras dos. Esto parecía ser continuo, sin embargo, he aquí una trampilla que los hará pasar de largo: la última línea que conocimos no se repetía CINCUENTA Y NUEVE VECES, sino solo veinticuatro. Y la próxima línea en aparecer se volvería a ver siete veces. Y la siguiente, cuatro. Y la que seguía, doce.
Supongo que ya se habrán dado cuenta de qué se trataba, ¿no? Hagamos de todos modos un repasito, por si las moscas (el que ya haya entendido puede saltearse el siguiente párrafo).
A ver, ¿qué conocemos todos que nos ayuda a conocer momentos históricos? Es algo relacionado con el tiempo, o más bien que representa al mismo. Tiene cuatro patas... no mentira, eso era broma. Veamos, piensen en algo que sea parte del tiempo. Bien, los segundos. ¿Y qué cosa se compone por sesenta segundos? Eso es, los minutos. Sesenta minutos, ¿a qué equivalen? Perfecto, a una hora. ¿Cuántas horas hacen falta para igualar a un día? Veinticuatro. Creo que ya entendieron, ¿no? Haber, vos, el que está leyendo esto ahora mismo, para vos, ¿de qué estoy hablando? ¡Exacto! De la línea del tiempo.
Bueno, ya había entendido algo. Ahora quedaba saber qué tenía que hacer con todo esto. Volví a sentarme, esta vez precavido que no me vuelva pasar lo mismo. Rocé el número cincuenta y seis, pero nada de qué preocuparse. Analicé la situación. "A ver, si toco algún número, ¿servirá de algo?... no, no, que idea tonta, si yo mismo comprobé que no sucedía nada antes que me viniera a la cabeza. Así que... qué más puedo hacer... puedo... puedo..." muchas posibilidades se me vinieron a la cabeza, una de ellas fue caminar por la línea del tiempo hacia atrás (no hacia atrás mío, sino de la línea), pretendiendo con eso "volver al pasado", pero solo funcionó para perder el tiempo.
-Si quiero llegar desde un punto a otro cualquiera, primero necesito un medio de transporte -quédense tranquilos, no había nadie más allí, era yo hablando conmigo mismo, aunque debo admitir que por un momento empecé a preocuparme porque ese podría haber sido el principio de una locura (pensándolo bien, la locura la tengo desde siempre)-. Si agarro esta línea que representa el segundo en que me separé del presente en que vivía... -en el mismo instante en que dije esto tomé el segundo que me había clavado en la nalga derecha apenas llegué, para intentar correrlo, convencido de que hacía cualquier cosa, y me sorprendió ver cómo arrastraba este extravagante objeto hacia atrás- ¡Ahí está! Si puedo correr un punto del tiempo, lo uno con otro y así voy a llegar a otro momento de la historia. Como no puedo volver al pasado pero sí unir un segundo con otro segundo, al combinarlos estaría transformando ese primer segundo que moví en el otro. ¡Puedo revivir cientos de momentos y vivir otros que no conocí!
Posterior a mi llegada de vuelta a la casa, fuera de mi mente, empecé otra vez a pensar. Lo que debía hacer ahora era estudiar más las distintas épocas de la vida, de la mía y del planeta, el universo y todo lo demás. Ojalá existiera en la realidad este genial artefacto, así podríamos presenciar lo que realmente pasó, y no lo que el hombre sabe o cree.
Pensándolo bien, esto no fue tan raro, porque después de todo, ¿no es una línea del tiempo lo que tenemos en la cabeza cuando hablamos de la historia? Y cuando recordamos algún acontecimiento, algo que nos haya pasado a nosotros o a alguien conocido, y revivimos aquel momento, ¿no estamos de alguna forma viajando al pasado?
Espero que la tardanza en publicar este texto haya sido útil para reforzarlo y hacerlo más entretenido para ustedes. Estuve bastante ocupado estos últimos días y poco tiempo tuve para dedicarme a las letras. Gracias por pasarse, vuelvan pronto.
domingo, abril 22, 2007
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