domingo, septiembre 06, 2009

Domingo 6

Claridad

¿Qué es lo que me pasa? Tengo la inspiración para escribir, tengo casi todo lo que necesito. Casi. Sé lo que me pasa pero no lo admito. Me falta la idea. Quiero escribir pero, ¿De qué corno quiero hablar?

De vos, de mí, de los demás, de lo demás. ¿Por qué fuiste lo primero que nombré? ¿Será que lo demás viene atrás tuyo? ¿O es que tengo miles de problemas antes que vos, pero por no nombrarlos me escondo en el tuyo? Quiero salir de un laberinto en el que me pierdo día y noche, creo estar bien y creo mejorarme a cada rato pero sólo apruebo un ansia reprimida y continúo con mi vida como si no pasara nada.

Deseo largar todo lo que me pasa, sin que me digas que está mal. Me escondo de la repuesta, y sin embargo nunca escuché una respuesta lo suficientemente fea salir de tu boca como para no querer escucharte. Quiero escucharme a mí nada más, intento bastante mal visto pero muestra de inseguridad. ¿Y te culpo a vos de no estar segura?

Que laberinto tan grande es este, y cada vez que pienso se hace más grande, se extiende más. A mi derecha se está creando ahora un pasadizo hacia algún otro laberinto paralelo; seguro estoy al borde de la locura, debo comenzar a alejarme de este lado. Lo bueno de tanto análisis es que puedo ver con claridad el hoyo en el que me estoy metiendo, acá, debajo de mi propio ser, hundiéndome cada vez más. Pero cuanto más lo veo, menos luz alcanza mi visión y todo se vuelve más oscuro. ¿Me estará atrayendo algún subsuelo oculto de mi inconsciente que desea verme dormido para no aguantar más todo esto?

Inconsciente: módulo protegido por mil puertas de acero irrompibles que sólo pueden atravesarse a través de tácticas especialmente diseñadas por especialistas.

Consciente: incredulidad de creer que podemos atravesar las paredes del inconsciente.

Hasta los mismos especialistas sufren estos trastornos que cada vez parecieran peores. Siempre buscamos las palabras de alguien más, alguien que nos ayude a superar lo que estamos pasando. Sólamente nos podrán ayudar en la medida que sepan guiarnos por nuestro propio camino, el cual encontraremos nosotros mismos. ¿Quién puede escarbar en mi propia mente para encontrar ese pergamino viejo que explique para qué vine yo al mundo? Sólo yo.

Y en el momento que creo tener todo solucionado, todo entendido, me acuerdo de lo que en realidad me faltó siempre, lo que busqué desde el principio del relato hasta ahora, al ver saliendo de una esquina del pasillo en que caminaba en este momento tres hombres que ya he conocido antes. El del medio trae una hoja que parece una especie de carta. Sus escoltas lo siguen con un aire de claridad, saciándolo de la ráfaga inspiradora que el primero explotaba. El papel es intercambiado de manos, lo recibo y ellos se quedan esperando para ver mi reacción, que por cierto ya parecen tenerla sabida. La carta dice:

Ve hacia tu luz. Allí te espero.

En ese instante una puerta deja pasar una luz intensa al abrirse lentamente. Y es hacia allí donde debo mirar, hacia la salida del laberinto. Entendiendo que ya no tiene sentido repasar todo lo negativo del mismo, que eso sólo me hace perder más dentro mío, me encamino fuera de mí esta vez encabezando mi grupo de tres escoltas que me acompañan. Mi lugar lo he encontrado y la seguridad está de mi lado. No dependeré más del miedo. Y podré así brindar la seguridad que en mí habita.


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