miércoles, septiembre 23, 2009
Miércoles 23
Sueño con volver a tenerte, recordar en vivo ese último momento en que fui feliz con vos. Hablar a la distancia deseando lo mismo que vos deseás, estar juntos, unidos, dormir juntos, besarnos, tocarnos, sentirnos, jugar, hablar, bostezar, soñar y soñar, despertar y tenernos todavía al lado. Sueño con que sea real lo que sueño, y sueño con tu sueño: que se solucione todo. Sueño con el día que me elijas completamente y no sufras más, que te entregues y te arriesgues, poder repararte, que esas luces te traigan a mí. Sueño y no quiero despertar, quiero que me despiertes vos y me digas que nunca te fuiste. Los dos queremos lo mismo pero no lo tenemos, los dos soñamos pero son pesadillas, porque no son sueños reales. Me acuerdo de tu olor y tu figura, tus ojos, tus labios, tu olfato tan memorioso que recuerda mi olor en cualquier parte, tu recuerdo tan permanente de nuestro primer beso. Salen chispas de mi pecho, salen cosas que nunca salieron de ese lugar donde se encuentran mis pecados, mis deseos, mis soluciones. Quiero largar todo hacia fuera, quiero sentirme libre con vos. Sueño con esas charlas y encuentros y situaciones que vivimos en tan corto tiempo, que pareció una vida. La vida más linda que soñé. Tus palabras antes de despedirnos -no sé si por poco tiempo o por mucho, no sé si volveremos a pegar nuestros labios apasionadamente- suspendieron el dolor en una nube y lo mimaron un poco, para que no sea tan grave. “Sabías que fue el mes más lindo?”. Como me gustaría soñar con muchos más meses. Pero ya dije, si no son sueños reales, son pesadillas. Sueño con que sea un sueño real, sueño con volver a soñar e intentar.
Sueño con tu cuerpo y con tu cara. Sueño con tus palabras. Sueño con tu voz. Sueño con tu sonrisa. Sueño con tu alegría. Sueño con tus bromas. Sueño con tus besos tan ricos. Sueño con tu respiración. Sueño con tus manos. Sueño con tus sentimientos. Sueño con tus mimos. Sueño con tus dulzuras. Sueño con tus pensamientos. Sueño con tus locuras. Sueño con tus bondades. Sueño con tu amor. Sueño con todo lo que me podés dar, y ocultás.
Y sueño con todo eso, porque todo eso sí es algo real.
Te quiero.
Feliz mes, yo también te extraño..
sábado, septiembre 19, 2009
Sábado 19
Esas cosas que hacés vos
Son esas cosas que hacés vos, que dejás de hablarles a aquellos que de alguna manera educada te cerraron el paso a la razón. Dejás de hablarte con ciertas personas y te vas hacia otro lado buscando quien llene ese espacio vacío que quedó, pero no ves a quién elegís esta vez porque estás todavía mirando hacia los que de verdad necesitás. Y está bien que mires para ese lado, porque son los que querés mirar. Pero no logro entender por qué seguís con tu orgullo subido al hombro, resguardado por un sobrero que le tapa la cara, pues sabés que es innecesario, sabés que estás actuando como nene.
Deberías escuchar los consejos que te dice la gente, pero deberías a veces no escucharlos tanto. Siempre hacés lo contrario a lo que debés. Los escuchás y la pifias, no los escuchás y la pifias, te escuchás y la pifias. Sos como toda la gente, siempre equivocándose. Sos como todos.
Es que es esa gente la que te hace así, pero vos seguís siempre a la manada. Y no te hacés cargo de tus hechos, aunque seas consciente (tal vez inconscientemente) de la propiedad de ellos. Como toda esa gente, que en frases se habla a sí mismo, pero deja la 1ra persona a la obviedad de la lectura. Obvio, sin querer lo hace, porque en realidad nadie quiere que la gente sepa lo que uno piensa de uno, porque lo que uno piensa de uno mismo es como correr una silla y hacer tal ruido que la gente piense que te tiraste uno. O tal vez uno quiera realmente demostrar a la gente lo que piensa de su persona, quizás para que alguien lo contradiga y diga que no es así, que es una linda persona. Parece que tuviéramos vergüenza de nosotros mismos, que buscáramos que alguien nos apruebe.
Pero la gente se preocupa demasiado, y por ende vos también. Tiene una parte mala eso: no deberías pensar como la gente piensa, deberías pensar como vos mismo. Pero después de todo, todos estos conflictos internos y externos de cada sociedad y cada persona por separada, han llevado a lo que tenemos ahora, habiendo gente que reflexiona sobre eso, gente que escucha y gente que todavía buscamos que escuche. Cada uno, aunque no se vea a simple vista, pensará algo de lo que cada otro exprese. No te preocupes más, che, no hablés tanto. Hacelo sin preguntar.
domingo, septiembre 06, 2009
Domingo 6
¿Qué es lo que me pasa? Tengo la inspiración para escribir, tengo casi todo lo que necesito. Casi. Sé lo que me pasa pero no lo admito. Me falta la idea. Quiero escribir pero, ¿De qué corno quiero hablar?
De vos, de mí, de los demás, de lo demás. ¿Por qué fuiste lo primero que nombré? ¿Será que lo demás viene atrás tuyo? ¿O es que tengo miles de problemas antes que vos, pero por no nombrarlos me escondo en el tuyo? Quiero salir de un laberinto en el que me pierdo día y noche, creo estar bien y creo mejorarme a cada rato pero sólo apruebo un ansia reprimida y continúo con mi vida como si no pasara nada.
Deseo largar todo lo que me pasa, sin que me digas que está mal. Me escondo de la repuesta, y sin embargo nunca escuché una respuesta lo suficientemente fea salir de tu boca como para no querer escucharte. Quiero escucharme a mí nada más, intento bastante mal visto pero muestra de inseguridad. ¿Y te culpo a vos de no estar segura?
Que laberinto tan grande es este, y cada vez que pienso se hace más grande, se extiende más. A mi derecha se está creando ahora un pasadizo hacia algún otro laberinto paralelo; seguro estoy al borde de la locura, debo comenzar a alejarme de este lado. Lo bueno de tanto análisis es que puedo ver con claridad el hoyo en el que me estoy metiendo, acá, debajo de mi propio ser, hundiéndome cada vez más. Pero cuanto más lo veo, menos luz alcanza mi visión y todo se vuelve más oscuro. ¿Me estará atrayendo algún subsuelo oculto de mi inconsciente que desea verme dormido para no aguantar más todo esto?
Inconsciente: módulo protegido por mil puertas de acero irrompibles que sólo pueden atravesarse a través de tácticas especialmente diseñadas por especialistas.
Consciente: incredulidad de creer que podemos atravesar las paredes del inconsciente.
Hasta los mismos especialistas sufren estos trastornos que cada vez parecieran peores. Siempre buscamos las palabras de alguien más, alguien que nos ayude a superar lo que estamos pasando. Sólamente nos podrán ayudar en la medida que sepan guiarnos por nuestro propio camino, el cual encontraremos nosotros mismos. ¿Quién puede escarbar en mi propia mente para encontrar ese pergamino viejo que explique para qué vine yo al mundo? Sólo yo.
Y en el momento que creo tener todo solucionado, todo entendido, me acuerdo de lo que en realidad me faltó siempre, lo que busqué desde el principio del relato hasta ahora, al ver saliendo de una esquina del pasillo en que caminaba en este momento tres hombres que ya he conocido antes. El del medio trae una hoja que parece una especie de carta. Sus escoltas lo siguen con un aire de claridad, saciándolo de la ráfaga inspiradora que el primero explotaba. El papel es intercambiado de manos, lo recibo y ellos se quedan esperando para ver mi reacción, que por cierto ya parecen tenerla sabida. La carta dice:
“Ve hacia tu luz. Allí te espero.”
En ese instante una puerta deja pasar una luz intensa al abrirse lentamente. Y es hacia allí donde debo mirar, hacia la salida del laberinto. Entendiendo que ya no tiene sentido repasar todo lo negativo del mismo, que eso sólo me hace perder más dentro mío, me encamino fuera de mí esta vez encabezando mi grupo de tres escoltas que me acompañan. Mi lugar lo he encontrado y la seguridad está de mi lado. No dependeré más del miedo. Y podré así brindar la seguridad que en mí habita.