Homo Sapiens
Son esos cuentos de terror, que nos contaban siempre y nos cuentan día a día; pues el miedo es sabio, pero el hombre es tonto. Su agitado paso se comentaba en aquella calle silenciosa rompiendo el silencio. Cada vez corría más rápido y sus ojos dilatados expresaban el miedo. Disipándose como humo se alejó velozmente de su propia sombra, que fijamente lo miraba montando su estúpida cobardía, dejando en aquel lugar el último resto humano con vida que podría haber disfrutado de cuerpo y alma con alegría. Fue entonces cuando escuchó el disparo, como un frío cortante que derrocaba su tranquilidad, como final que hubo sido cantado desde un principio. Si la suerte iba a ser tirada en esa noche iluminada por los dos o tres faros escondidos en la calle Argerich, no sería más que obra de la premeditación del asunto, pues una cuenta mal hecha derivaría simplemente del mal prejuicio sobre aquel hombre que allí se presentaba. Él esperaba aquella carta que le avisara lo que supuestamente iba a pasar, pero empezó a sospecharlo cuando cruzó las miradas con un extraño personaje. Se encontraba parado, apoyado sobre la pared que se desprendía de la puerta de un edificio.
Será la sociedad de ahora, tal vez, pero esto sí que pasó… o pasará. Y es que a veces el sabio miedo nos hace cometer ciertos errores, pero cuesta a veces saber qué es lo correcto. Cabe destacar, antes de empezar a leer, que este relato fue contado antes del hecho; tal vez esto explique, o mejor dicho, refleje el absurdo orden con que a veces se dan las cosas.