Como todos sabemos, ayer fue el día de los enamorados:
La calle se llenaba de hombres inspirados en enamorar nuevamente a la mujer que les pertenece y de mujeres inspiradas en que las enamoren de nuevo como si fuera la primera vez. La creatividad de la gente se reducía a un ramo de flores tomado ya por costumbre en esta fecha, detalle sin embargo de un buen plan romántico por elevar la relación con su pareja. Excepto por el hecho de que mi intento de ser original me obliga a pensar en algo diferente, la opción más tradicional de unas flores con un rico y dulce olor sigue pareciéndome no descartable. Pero prefiero pensar más allá de esto. Es verdad que el regalo hacia otra persona requiere ser lindo para demostrar cómo se le quiere, pero si se piensa en esto hay que verlo desde otro punto de vista. Lo que quiero decir es que no es lo mismo si compramos una caja de bombones justo a última hora recordando a último momento que debemos hacer algo especial por nuestra novia, novio, esposa o esposo, o habiendo escuchado hablar a otros sobre esto, que si una semana antes nos acordamos de lo especial que es ella o él para nosotros y de que realmente queremos obsequiarle una caja de bombones (o unos bombones de caja, ya que lo más importante son los bombones) a este sujeto o sujeta. No nos olvidemos tampoco de que los agasajos los podemos dar en cualquier época del año.
Quizá haya sido un poco cursi con estas palabras, pero me pareció bueno decirlo. Cualquier comentario pueden dejarlo aquí abajo o por vía e-mail a sam_y_mas@hotmail.com. Gracias por su compañía y por segunda vez me despido de ustedes.
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