Las creaciones de Sam
Difícil fue comprender lo que había sucedido en aquel lugar luego de tomarme un café con leche bien calentito a eso de las siete de la mañana. Me había levantado después de una larga noche sin dormir más que tres míseras horas, inservibles para mantener a un cuerpo sin dar cabezazos "a lo Zidane" a un Materazzi invisible, y lo primero que pensé fue en el horror, el aburrimiento y la ansiedad: ir a laburar. Horror porque no tenía ni las más mínimas ganas de ir; aburrimiento por lo mismo que acabo de decir y porque es la palabra justa que describe lo que siento allí; y la ansiedad es por terminar la semana (me deprimí mucho al pensar que recién comenzaba). Me lavé la cara, los dientes y me dirigí a la cocina, pero el puf en el suelo con una figura humana marcada muy profundamente creó unas imágenes que me detuvieron. Recordé lo que el día anterior había vivido (lo del descubrimiento de la Sala de la máquina de escribir), aunque mi gran duda fue si solo lo había soñado. "Imposible, una persona no puede soñar nada en solo tres horas" me dije. Al sentarme en la mesa tomé la taza de café que había preparado previamente, bebí un sorbo y la volví a apoyar sin soltarla. Mis ojos penetraban la cafetera mientras se iban abriendo lentamente. Sabía que todavía no había visto lo que pasaba dentro de la otra sala, la Sala de debate. Estaba empapado de miedo de que me pudiera llegar a quedar atrapado allí o de que me pasara alguna otra cosa, pero tenía muy en claro que en cualquier momento, cualquier día podría adentrarme en los pensamientos en que muchas veces las personas nos internamos durante varios minutos sin querer y no nos damos cuenta siquiera que no respiramos. Cerré los ojos y partí hacia el mundo de la fantasía, un mundo peculiar al que se puede llegar en tan solo un segundo, y de la misma manera salir en un segundo y medio. Al ver tierra firme bajé la velocidad, pero no pude evitar estrellarme provocando un fuerte impacto. Cuando desperté vi a tres hombres a pocos centímetros de mi cara, mirándome extrañados.
-Se despertó -dijo uno con el pelo erizado.
-No me digas -se burló un gordo.
-Tarde, ya te lo dije.
-¿Qué? ¿Quiénes son ustedes? -contuve el aliento- No... no, no, no ¡no! No puede ser.
-Sí, bueno, engordó un par de kilitos más -el del pelo erizado señaló con la mano la barriga enorme del gordo. Éste le pegó y lo dejó sin aire.
-No, no habla de eso -aclaró el tercero alejándose de mi rostro- lo que le extraña es que nosotros estemos acá.
-¡Ah! -el pelierizado iba bajando la voz al terminar la frase. Me miró nuevamente- ¿Y por qué te parece raro si vos nos creaste, vos nos imaginaste.
-Ustedes son los de mis cuentos que nunca llegué a publicar -comenté.
-Exacto -el que se había despegado al fin de mi cara estaba ahora encendiéndose un abano- yo soy el inteligente, él el gordo simpático -indicó con el abano al que ya saben- y él el viejo loco. Esta es la Sala de debate. Acá vamos a discutir en el futuro algunas cosas que deberemos hacer para solucionar algo y vos nos vas a ayudar o, quizá, realizaremos directamente la misión.
-¿Y cómo voy a saber cuándo van a necesitar mi ayuda?
-Vos nos inventaste, nadie más que vos sabrá cuándo te necesitaremos: cuando vos decidas.
-No entiendo.
-Ya lo vas a entender. Podés irte.
De golpe aparecí corriendo la silla de la cocina hacia la mesa. No entendía nada. ¿Será real lo que viví, o simplemente me lo imaginé todo? Sea cual sea la respuesta, la imaginación estaba metida en todo esto. Traté seguir pensando en esto para olvidarme que no solo tenía que trabajar, sino que además cuando volviera iba a tener que acomodar todo lo que me quedaba por la mudanza.
Espero que no se hayan aburrido. Ya saben, los comentarios pueden hacerlos debajo o a sam_y_mas@hotmail.com. Hasta la próxima.
sábado, febrero 17, 2007
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