viernes, noviembre 28, 2008

Viernes 28

¿Arrepentido?

Creo que me apuré otra vez. Me tiré a una pileta que tenía agua, pero luego quería nadar rápido en ella dejando atrás todo y olvidándome de lo que puedo perder, jugándomela. La pileta aun no estaba lista para ello, no era el momento para empezar a nadar. Tenía que esperar e ir tranquilo, de a poco ir moviendo mis brazos, mis piernas, mi cabeza, mi pecho, mi espalda, e ir a paso lento mientras floto. Tal vez luego de eso quería tirarme en una cama, que sin darme cuenta no tenía las sábanas listas. Nadie preparó esta cama antes y debo ir armándola para luego tirarme a descansar y que me abrace, que me abrace para soñar. Los sueños más hermosos se apoderarían de mí, pero tengo que esperar el momento, sereno. Una cama que aun no está lista no logra satisfacer tu cuerpo tanto como una que sí. Claro, puedo apurarme y ver lo que pasa, lo que sueño, puede ser una linda experiencia pasajera en mi vida. Pero yo no quiero que sea una experiencia pasajera, quiero que se apodere de mí en algún sentido. No digo que quiera vivir con esta experiencia toda mi vida, mas sí pido que sea algo que recuerde por siempre. Para ello debo armar primero esta cama, es requerido prepararla para lo que pueda pasar.

Mientras nado en esta pileta, pienso en todas las cosas que perdí en el camino. Las dejé atrás sin antes averiguar por completo las consecuencias. No me arrepiento de haber sacrificado algo por lo que yo quería. Me siento orgulloso de haber sentido algo tan fuerte como para hacer una “locura”, por llamarla de alguna forma. Debería haber pensado esto antes, eso es verdad. Sin embargo, me sirve como aprendizaje para saber en el futuro cómo debo actuar en situaciones de este estilo. Aun sigo nadando en esta pileta, sabiendo lo que estoy haciendo, pero no me detengo. Quiero llegar a ganar lo que perdí mediante el sacrificio, y deseo luego acostarme en esa cama para descansar luego de haber nadado tanto, para disfrutar días pacíficos en mi mente y en la de ella, la de esta chica. Quiero que seamos una pareja que disfrute estar juntos, como pareja.

Estoy llegando al fin de la pileta, aun no me avisan si ya hicieron la cama. Ambas me demuestran estar incompletas, como que algo les falta para que yo pueda andar en ellas. Mi cuerpo se agota y ya quiero descansar, pero aun no puedo. Llego al final de la pileta.
Me doy cuenta entonces de todo lo que perdí. Me apuré tanto que ya gasté lo que tenía por florecer. Podía regar una planta tan hermosa que podía convertirse en la flor mas bella para mi corazón, y mi obsesión la llevó a terminar todo. O tal vez no terminó todo. Todavía no me arrepiento de haberme jugado por ella. Al menos aprendí algo, y a la vez descubrí que no me voy a quedar en el molde cuando veo alguna posibilidad. Pensé que tal vez estaba todo arreglado y pasaría lo que sospeché. No fue así, eso está claro. Empero, mi mente puede estar tranquila. Sólo necesito calmarme. Volveré al principio de la pileta para nadar de nuevo, esta vez calmo. Después subiré y armaré despacio esa cama, para tirarme y soñar por fin con ella, mientras duermo a su lado. Juntos en esa cama encontraremos lo que busqué tanto tiempo. La prepararé para que esté lista para lo que quiero, a su tiempo irá conociendo lo que yo espero. Así que comienzo a volver hacia el principio de esta pileta. No quiero volver al pasado, no quiero volver atrás, lo recorrido ya lo recorrí; simplemente quiero empezar como desde el principio, y mirar hacia delante de nuevo, sin temer que todo esté terminado. Si soy capaz de jugármela por lo que más quiero, soy capaz de esperarlo también. Esta vez yo no iré más rápido, esta vez iremos a la par, uno al lado del otro, demostrándole al mismo tiempo lo que haría por ella; y lo que volvería a hacer.

lunes, noviembre 10, 2008

Lunes 10

Carta a ella:

Hoy reposaste tu amor en una canción. Aguantaste sosteniendo esa lágrima de felicidad dentro tuyo. Una letra que te expresé se convirtió en notas y la música te alcanzó, te atrapó, traspasó tu blando corazón. Fue más fácil de lo que pensé. Por momentos te imaginé riéndote. Por otros, sonriendo y dejando pasar el tema. Siempre disfrutando, pero de ninguna forma te imaginé como fue la realidad. Mostraste ser mucho más de lo que pensé, descubrí esa personalidad que se enamora con aquel que en una servilleta le escribe “te quiero”. Quizás tu secreto sea saber quién guarda en su servilleta una verdad indescriptible. No todos pueden lograr hacer feliz a alguien con un simple pedacito de papel, que en verdad ni papel llega a ser. No creo ser especial por lograrlo, creo que sos vos la especial por dejarme demostrarte todo. Tu cara al conocer mi regalo no pudo ocultar esa cosa especial que hay dentro tuyo. Se liberó y por dos minutos nos conectamos de verdad. Y esa lágrima estalló.

Luego de aquellos hermosos dos minutos no logré encontrar algo para que ese momento siga. Pero sé que va a durar para siempre. Esos dos minutos donde los dos nos conectamos y fuimos uno sólo, ese pequeño instante donde nuestras vidas dieron un gran suspiro de grandeza, va a quedar sumergido en nuestros recuerdos hasta que queramos sacarlo a flote, para recordar. Te doy gracias por tu regalo, que no te lo agradecí lo suficiente a mi gusto. Te doy gracias por ese momento, y si leés esto, también te doy las gracias. Y es que siempre me seguís por acá, por donde más sé expresarme, así como yo te sigo a vos para ser la gran persona que sos.


Sam

jueves, noviembre 06, 2008

Jueves 6

Combinación perfecta

Se rozan cuerpos, se oscurecen pasados. El nuevo futuro aparece y transforma el destino previsto. Los ojos se abren bien grandes para admirar lo que la vida me enseña esta vez. Y es que realmente no puedo creer lo que sucede. La gloria toca mi corazón y vuela al espacio para flotar por allí, gozando su libertad, expresando toda su razón de ser, por un momento tan dichoso. Sentados frente al cielo, los dos cuerpos observan las estrellas y cuentan en ellas la cantidad de fracasos que sufrieron. Una realidad indefinida queda perpleja ante tal decisión de ambas almas por compartir esta noche. ¿Quién diría que la compatibilidad de ellas sería positiva a pesar de que una se ubica en distintas partes del cerebro que la otra? La parte emocional junto a la parte intelectual, unidas en un mundo que juzga diferencias. Fuegos artificiales festejando el secreto revelado. Ya nadie tiene miedo de nada. Todos mostramos lo nuestro sin temor a alejarse de la popularidad.

Pero no es el fin, quedan algunos miedosos que no son capaces de abrir su corazón. Se esconden de esta realidad indefinida en una irrealidad sin sentido, en la cual cabe la única razón ilógica de ver el exterior, que nunca ha sido buscado, simplemente sucede. Mirá como sufren, guardando su rencor por sí mismos, expresando un falso odio hacia la humanidad, que quizás fue quien les causó su sufrimiento. Pero no se dan cuenta de esto, quieren seguir mostrando que pueden “ser” cuando siempre fueron sin saberlo, y sin que nadie sepa.

Dame la mano, te mostraré una buena psicología que nos ayudará a encontrar nuestro verdadero “yo”.
Dame la mano, qué importa lo que pase, la emoción te ayudará a tomar fuerzas, y la inteligencia te hará encontrar la puerta que tenés que abrir vos mismo.
Dame la mano, conozcamos un sentido amplio que agranda nuestras posibilidades de felicidad. Abramos caminos, sepamos contestar cuando nos preguntan “¿Qué querés?”. Que el miedo no te carcoma, somos muchos ya y pocos serán los que te miren mal. Animate.

Dame la mano para unir la razón con el corazón, encontrar una mente humana más grande, crear un lugar apto para todos.

El cielo vuelve a habitarse por luces explosivas, esta vez todos encontramos nuestra propia estrella en un espacio gigante y negro con millones y millones de opciones blancas.

sábado, octubre 11, 2008

Sábado 11

Sigo siendo yo mismo

Acá estoy de nuevo. Extrañaba hablarles en mi persona, la primera y la que más amo. Como verán he dejado varios escritos míos, cosas que pensé y redacté durante estos meses, o cosas que había dejado alguna vez en el espacio y que recordé en este tiempo, los rescaté y los subí a estas cuatro paredes de imaginación pura. Es por el mismo hecho, el hecho de lo que se trata esta casa, blog, o como la quieran llamar, por la que los he agrupado en el apodo “sueños”. Fueron aquellas cosas que pasaron dentro de mis sueños, estando despierto o estando dormido. Fueron sentimientos que guardé en mis hojas, pero quería compartirlas al mundo, el mundo de este lugar, integrado por todo aquel que quiera leer su historia, compartir sus ideas.

Mas ya les dije que necesitaba volver a hablar exclusivamente como yo. Necesitaba para ello volver a encontrarme, por medio tal vez de algo que me conecte conmigo mismo. Necesitaba buscar eso que me hace sacar a flote mis sentimientos, darme lo que quiero tener en la vida, oír las melodías que me inspiran para crear música. Sentado frente a la ventana, entre ella y yo, una máquina de escribir intermedia. Mis pensamientos comienzan a brotar. Remo cuanto me cuesta, y la verdad cuesta mucho con tantas ideas revoloteando sin fin, una y otra vez. Es tan difícil arrancar, y más aun mantener una idea que sostenga lo que voy diciendo a medida que avanzo en renglones. Me pierdo en mi propia mente, demostrando que un laberinto en ella me mantiene vivo. Detrás de la ventana, a lo lejos, muy chiquitas, las nubes se inquietan al no poder hacer dibujos en su forma. Una de ellas forma un sueño, escrito en un hermoso relieve. La otra lo refleja con la forma de un libro abierto y en el centro un agujero que deja pasar la imagen de la anterior. La tercera, ansiosa de lograr algo, se apura por copiar a las otras dos. Consigue una muy triste cara, que se parece a mí, y recuerdo al verla una frase que una vez escuché, algo parecido a: “seguí tu instinto, acompañalo con la verdad de tus pasiones”. Sin entender los significados de sus expresiones, me concentro de nuevo en la pantalla. En eso me pierdo un destello en el cielo, que sólo pude verlo de reojo. Escribiendo esto último aparece otro destello más, pero esta vez escribo mientras miro hacia allá arriba. Las nubes muestran nuevas caricaturas ahora. La primera enciende pasión con un rojo metafórico. La segunda describe lo mismo que hizo la primera nube en la primera ocasión. La tercera decide tranquilizarse y dejar que su instinto fluya. De a poco se deforma para crear una imagen que nunca pensé poder apreciarla de tal forma, nunca sospeché que podría ser vista por alguien: cuatro palabras impregnadas en un dibujo sin letras, que juntas decían “sigo siendo yo mismo”.

Al presenciar aquella escena, releo todo este texto para descubrir que lo que estaba buscando, ese algo que encuentre como propio, lo tuve frente a mí todo el tiempo, mientras escribía y volaba por afuera de la ventana, siendo libre a pesar de estar encerrado en una casa. Siendo yo mismo.

Gracias, vuelvan pronto

jueves, octubre 02, 2008

Un cajón

Caen aquellas gotas que tanto anhelo
la lluvia se lanza lenta sobre mi ciudad
de a poco voy descubriendo esos colores
que miedosos se escondieron de la soledad

la alegría se contempla detrás de mis ojos
un cuento hermoso vuelve a florecer en mí
una ciudad tan linda, una ciudad tan bella
y un recuerdo que me recuerda a tí

esa frase tan llena que un día ante mí pronunciaste en navidad
un regalo tan lleno que al volver a verlo mi alma guardó la verdad
en un cajón...

y ahora no encuentro la llave
que abra de una vez aquel Sol
que tan ciego no me di cuenta
que no verla era mi rencor

y mi Sol se extinguió en una noche
tan rápida que no la pude alcanzar
el amanecer no volvió a salir
un sueño que se volvió a borrar

ciudad con rosas que adorna la verdad
remueve sentimientos con notas de cartón
pero la ciudad no es tan grande como ven
el mundo es mucho más grande y te busca a vos

ahora entiendo la verdad y ya no veo la luz
el mundo se achicó y es que siempre fue chico
el "te quiero" que ella pronunció fue hermoso, sí
pero eso no llena el mundo que yo pido

y ya no encuentro la llave
que abra de una vez aquel Sol
que tan ciego no me di cuenta
que no verlo era mi rencor

y mi Sol se extinguió en una noche
tan rápida que no la pude alcanzar
el amanecer no volvió a salir
un sueño que se volvió a borrar

sábado, septiembre 13, 2008

Sábado 13

Mano amiga

Comienza mi historia hace dos años, en un bar de Uruguay y Santa Fe. Había pasado la noche anterior en un velatorio en la esquina de esa cuadra, con la oscura esperanza de que la culpa no hubiera sido mía. Aquella culpa, resto de bondad que le puede quedar a un ser humano al cometer un delito a la vida, había caído de repente en mis manos al enterarme de la muerte de un ser que apreciaba mucho. Estoy muy cansado, todo intento de reflexión es liquidado por un sueño inmenso. Me dejo vencer y por fin entro en ese mundo al que tantos intentan huir para olvidarse del mundo real y salir rápidamente de sus problemas.
Vuelta en el mismo bar, ahora sin ruidos, sin voces, sin olores… sólo imágenes. Se acerca un hombre que me llama la atención. Sus rasgos me intimidan al recordarme a alguien. De alguna manera creo saber de quién se trata, pero no reconozco su manera de moverse. Tan igual a mí, me desiguala en algún aspecto, pero aun sigue siendo tan yo, quizá más que yo mismo. Estoy paralizado, no tengo más opción que entregarme a lo que suceda. Una parte de mí me dice que no pasará nada malo, pero la otra parte reclama que no me deje llevar. Es como si una línea muy fina separara mis ideas, mis emociones, mis intenciones, todo, y alguien más fuerte que yo quisiera arrastrarme a su lado de la línea. El hombre sigue parado allí, mirándome, convenciéndome cada vez más. Miro a mi alrededor: las caras de los demás clientes parecen acecharme, buscan algo de mí para hacerme algún mal, creen saber qué fue lo que sucedió en realidad y quieren demostrar que soy culpable. No aguanto, necesito salvarme de algún modo, necesito paz. La mano de aquel tipo toma la mía, y sin titubeos me paro y me coloco al lado suyo, buscando refugio. No sospecho que acto seguido, él se sentará en esa silla y me dejará ahí parado.
Me despierto. Al volver los ruidos mi corazón vuelve a latir, pareciera que se hubiera detenido en aquel extraño sueño. No me siento yo, pero… claro está que lo soy. Ya son las seis de la tarde, no sé cómo no notaron mi presencia los mozos y me dejaron tanto tiempo en la mesa, sin consumir más que un café. Me retiro del lugar y dedico mi mente a pensar qué ocurrió antes de tan dicha muerte, y cómo demostrar que no era culpable.

Ahora, dos años después, cuento esta historia para llegar al único fin que busco: demostrar que no fui el asesino de Sergio Ramírez, tal como acusaban sus familiares, quienes murieron misteriosamente la semana que siguió a la acusación falsa. Quienes lean esto, sepan entender que ellos se lo merecían.

sábado, abril 19, 2008

Viernes 18

La noche
Cap. 2

Sus ojos desorbitados enfocan cualquier cosa que pase cerca o lejos, sea grande o chico, sea importante o despreocupante. A lo grande lo examina de arriba abajo, de izquierda a derecha; a lo chico lo penetra como si no hubiera otra cosa que mirar; a lo importante le da cero importancia; y a lo despreocupante le da la importancia que no le dio a lo importante. Como verán, todo el transcurso en que me dirigí a ella -o más bien a su figura, porque pude descubrir mientras la conocí que el verdadero ella era mucho más que lo que al principio vi- miré sus ojos, buscando algún mapa que me ayude a encontrar su corazón, alguna metáfora que me enseñe lo que quería en ese momento, sus tiempos, sus hobbies, sus gustos y preferencias. Pero estaba solo en un mundo de esperanzas y anhelos de ganar, preparándome para combatir contra un demonio que era mi mayor debilidad. Mi única ventaja era que el enemigo se rinda ante mí, pero no iba a ser nada fácil -ni tampoco quería que lo fuera-. Al saludarla siento nuevos golpes en el pecho, golpes que pide alguien para salir de mi cuerpo como si no tuviera interés en sentir los nervios que yo siento. Busco mi voz por todas partes, o lo que queda de ella; acurrucada en un rincón espera que la tome de la mano y la lleve hacia fuera de mí. Una ciega desilusión me visita de pronto al notar que tras mi “Hola” no hay respuesta alguna. Sin embargo, no me rindo. Y al próximo “Hola” mi desilusión vuelve a ver la realidad, se transforma en felicidad extrema. Una sóla palabra de ella me envuelve en millones de opciones y temas y palabras para decir y hacer, con una tranquilidad y una satisfacción increíble:

-Hola -expresa en una sonrisa inquietante.

No me acuerdo muy bien cuantas horas pasamos sentados en unos silloncitos verdes verdaderamente muy cómodos, con los que compartimos una noche estupenda. Debo admitir que no tengo mucha memoria para algunas cosas, y sorprendentemente estas cosas son las mejores que vivo, como cuando contamos un sueño, del que recordamos detalles y olvidamos lo más importante de él. Risas, compasiones, historias representaron nuestras alegrías y nuestras tristezas, para fusionarlos y formar un sentimiento nunca antes conocido, mezclando lo lindo de descargarse un peso de encima, con lo hermoso de sacar afuera lo mejor de uno. Nos presentamos uno al otro, dejamos llevarnos por el hilo que se iba haciendo mientras cada uno contaba sus experiencias, sus formas de vida. Y dejamos asombrarnos también, por notar en el otro ciertas actitudes muy similares a las propias.

Creo que el permitirnos tanto nos dejó avanzar bastante, pero hubo algunas cosas que nos impedimos. Había cometido un error al preguntarle si tenía novio. Pero su respuesta, a pesar de ser un “sí”, no fue muy convincente, como si dudara de su propia relación con él. No me importó haber cometido ese error, insistí con ella como cuando un nene chiquito se encapricha por un juguete -por supuesto que esto no era un capricho-.

Después de semejante pregunta, espero a que el clima calme para volver a surfear las olas. Son unos segundos de silencio, que luego fugan y dejan espacio al siguiente tema de conversación. Soy muy paciente, demasiado quizá, para cortarlo nuevamente. Espero el momento justo, no veo el segundo que pueda sellar esos labios con los míos, que logre completar esa noche fantástica, que pueda hacer que nadie diga nada más, que todo lo diga el corazón. Su boca se mueve y yo me ahogo en un océano de sensualidad, me hipnotiza su movimiento, su voz, todo su ser. Le dejo un rato para contarme sus historias, sus gustos, todo lo que yo quiero saber, mientras veo sus ojos que me hacen señas para que lo intente, señas que no sé si llegué a entender bien. Mis oídos ya se han olvidado de su trabajo, no oigo nada más. Cómo cuesta hacer dos cosas a la vez, cuando se presta tanta concentración a una de esas. El miedo me detiene, y cuando el miedo se hace notar todo cae sobre ti. Mi cuerpo se rehusa a obedecer cualquier orden que le dé, no siento nada fuera de él, mientras siento de todo por dentro. La charla se prolonga más de lo esperado, comienzo a notar aburrimiento por parte de ambos y aun no sé qué hacer. Veo en sus ojos un soldado en batalla, casi rendido, que espera ayuda para continuar su batalla, porque siente que está solo, que nadie lo quiere ayudar a seguir. Sus palabras cesan por un momento, crean un silencio que recomienda otro tema. Pero, ¿es esa la mejor recomendación del momento? Mi pasión me dice que no, pero escucho primero a mi conflicto con el silencio, aquel silencio aterrador del que siempre escapo aunque a veces sea el más conveniente. Le pregunto dónde vive. Me contesta fríamente, congelando hasta el mismo calor que hay en el lugar. El soldadito sigue luchando, pero de a poco muere en una soledad inmensa. Nadie puede sobrevivir a tan brutal soledad, nadie, nadie en ningún lugar, en ningún momento, nadie, y por eso la besé… sí, sí, sí, sí, al menos eso intenté… como una princesa decepcionada de que su príncipe llegue tan tarde, como una niña que esperó a su padre tanto tiempo para descubrir, cuando ya es adulta, que su padre no fue más que un horrendo traidor que la abandonó, como perro escondiéndose de un amo que le ha pegado toda su vida, ella me esquivó. Se corrió, más que normalmente, sorprendida. No se esperaba esa reacción mía, no sé si porque tardé tanto, o porque no era lo que quería. Me esfuerzo por volverme a la posición original, habiendo empujado todo mi cuerpo hacia ella en la acción anterior.

En todo el resto de la noche me limité a ofrecerle dulces o bebidas, para no incomodarla más. Noté al soldado casi muerto, triste, sin esperanzas. Y el resto de mi historia con ella fueron sueños que tuve, sueños tan reales, tan geniales, dónde cabían encuentros bajo la lluvia, abrazados, encuentros casuales, encuentros forjados, siempre con las mismas ilusiones, entre la suerte de lograr lo que no pude antes y la desgracia de despertarme, entre la espada y la pared. Mis sentimientos se hacían cada vez más profundos y sólidos cuando me hablaba, hasta salir de esa burbuja que me impedía ver la realidad, la de que nunca podría conseguirla. Pero ella no me demostraba eso, me daba indirectas que sugerían un deseo de ella que nunca me expresaba. Nunca le encontré significado a todas las vueltas que me dio, si bien yo tuve oportunidades (a mis ojos creo que lo fueron).

No recuerdo que haya pasado algo más, pero un cambio importante en mi vida se resumió a la época en que la fui conociendo y esperando a que se decida aun hasta después de que dejó a su pareja.

Dudo, hasta el día de hoy, que todo esto no haya sido un sueño. Y dudo, también hasta hoy, con sospechas de que lo seguiré dudando durante largo tiempo, que lo que soñé la última noche que pensé en ella no haya sido realidad pura: una noche oscura, iluminada por el cálido sabor de las velas, ennegrecida por el miedo a la realidad, coloreado por la dulzura de un paisaje tan hermoso de dos cuerpos unidos por cuatro brazos, proyectaba dentro de un cuarto azul una escena conmigo y ella como protagonistas; cuatro labios pegados, cuatro ojos cerrados, cuatro manos; una ventana abierta dejaba pasar la imagen de una luna radiante que reflejaba estos cuerpos serenos, con sus rostros marcados por una sonrisa más grande que el propio cielo; un hombre y una mujer iguales a estos personajes aparecen fuera de la ventana, flotando en el aire, totalmente separados; luego de una mirada penetrante hacia el interior del cuarto, estos nuevos seres parpadean un soldado alegre, resistiendo cualquier ataque, acompañado de un alma igual a la suya, que lo protege de todo; los seres se miran entre sí, y comienzan a acercarse uno al otro, cada vez más cerca, y mas cerca, y más cerca, y más cerca, y más, y más, y más…

jueves, marzo 20, 2008

Miércoles 19

La noche

La veía y sentía que todo el mundo se callaba, que me observaba para ver que hacía, cómo le hablaba, que le decía. Era como si un show comenzara, siendo yo la estrella del circo, pero me había olvidado mi número y las gotas de sudor pedían el libreto nuevamente antes de salir y dar mi espectáculo. Ahora -en realidad desde que volví de esa fiesta a la que asistí más por compromiso que por satisfacer una de las necesidades del hombre, la necesidad de divertirse- me doy cuenta de que en verdad nadie me veía, era sólo yo -para qué culpar a la imaginación, si el que la anima es uno- jugando inconscientemente al miedoso. De a ratos echaba vistazos, siendo -creo- bastante discreto, tratando de no parecer que tengo una obsesión con ella: lo que menos quería era que se sienta sofocada y a la primera me rechace, por acoso o por vergüenza. Veía que de repente me miraba, me daba una luz en mi oscuro túnel lleno de piedras y de posibles y casi seguros fracasos. En realidad no eran fracasos certeros; sólo mi mente los consideraba así, quizá porque la única salida que veía para salvarme del ridículo era el rendirme antes de actuar. Pero nunca se le debe fallar al espectador: hay alguien que quiere llenar su alma de energía, y hay que hacer lo mayor posible por lograrlo. Cada vez que me veía retiraba su vista rápidamente, enviaba sus ojos hacia otra dirección. Desaparecía aquel destello de luz apenas notable dentro del túnel oscuro, otra vez no veía nada, y al no ver nada uno se puede tropezar con lo primero que se ponga en su camino. Las excusas para satisfacer a mi horror, a mi vértigo por dar una mala o pésima impresión, me comían cada vez más, me hacían sentir insignificante, me desilusionaban y me daban más miedo por no poder verla nunca más. Un impulso casi sin fuerza empuja mi pie hacia delante, pero se corta enseguida y mi desgracia comienza a suceder al pisarle el pie a un chico de unos 20 años, con su novia. “Perdon” fue mi vano reflejo, pues ni mosqueo noté del hombre pisado. Vuelvo para atrás, disimulo para que nadie note mi torpeza, especialmente ella. Vuelvo a mirarla. Sigue hablando con esas chicas que supongo son sus amigas. Me vuelve a observar, pero sólo soy un paso en el camino de su vista, un paso que salta enseguida, como si estuviera lleno de fuego y tuviera miedo de quemarse. Siento un nudo en el pecho, trato de desatarlo pero me cuesta la vida. Mis movimientos son eléctricos, como si bailara música tecno dentro de un boliche donde pasan cumbia. Me siento incómodo, el inexistente silencio que yo sólo escucho me inunda de terror, toda la gente clavando sus ojos sobre mí; la gente… ¿qué gente? Todos están ocupados en lo suyo, ni les interesa lo que esté haciendo un sujeto como yo, que se siente tan colgado en la fiesta que hasta ha decidido no hablar con nadie. Me pongo a pensar… ¿es eso lo que quiero? ¿Que nadie note mi existencia, pasando a ser uno más entre una multitud de extraños? ¿A qué clase de fiesta “divertida” vine, si no me voy a divertir?

Y es que no logro comprender. Nunca me ha costado hablar con las mujeres: ¿Por qué ahora sí? Creo que hay algo especial en ella. Algo que nadie nota, más que yo, el inexistente hombre que concurrió a un lugar de completos anónimos. Mi máquina pensadora no para. Si ella es tan especial, no creo que tenga problema que le hable alguien que no conoce. Si es tan especial -tanto como yo sólo puedo hallar-, algo en ella debe haber, algo que yo note, que me indique cómo puedo comenzar la charla, cómo puedo enredarla en un período de diversión, de encuentro de seres, de comprensión de vidas, de conexión de almas. Si es tan especial como pienso, tiene que haber algo especial en ella que me diga si es la indicada para mí, y que le explique a ella que yo soy la persona indicada para ella.

Y ahí logro entender. Es tan especial, que es capaz de encender una luz en mi túnel, una luz brillante, radiante… especial. Me acerco ya sin miedo. Me encuentra. La encuentro. Me evita. La sigo buscando. Una de las chicas con las que estaba gira su cabeza. Me ve, habla con la otra y al rato se van. Continúo mi camino hacia el objetivo, que ha quedado inmóvil, lo cual me ilumina más. Comienzo a sentir un alivio, el espectáculo parece controlado, y aún no ha comenzado. Vamos a ver qué tan especial puede convertir ella esta noche, alrededor de tantos desconocidos, frente a alguien que siento conocer hace tiempo. La noche empieza.

domingo, enero 13, 2008

Domingo 13

Aparente mente

“Ocho y media de la noche. Un recuerdo casi olvidado en la ignorancia prestada a una noticia me avisa que se ha adelantado una hora al reloj, lo que me recomienda cambiar el mío para no volver a confundirme. Son entonces las siete y media en realidad (dentro de la irrealidad real de la sala de la máquina de escribir). Comienzo a escribir estas líneas para contar algo que me pasó hace un tiempito, pero se me hace una laguna que me inunda de recuerdos de otros momentos y esto trae una confusión y un mareo terribles. Aparezco de repente en la sala de debates, donde una voz que retumba me resulta muy conocida: es la mía, como si un grabador estuviera reproduciendo lo que dije en algún momento… pero lo estoy diciendo ahora…

¿No escuchan? Es mi voz. De alguna manera mi relato ya no es sólo escrito, ahora también es oral. Veo a mi alrededor. Absolutamente nada. Sólo vacío dentro de una sala enorme se puede detectar a primera vista. Realizo una segunda inspección, esta vez girando para el otro lado, y un aparato poco más grande que mí se hace presente y me llama la atención, la cual responde advirtiendo que ya conocía aquel objeto. Es la máquina del tiempo, aquella que tanto me había costado descifrar su forma de uso hasta descubrir que debía unir los segundos para fusionarlos. Sin encontrar nada más, y sin saber bien lo que busco, intuyo que para continuar con lo que corno esté haciendo debo utilizar esta máquina. Paso a paso me acerco; nada me detiene, pues ni Sergio, Viejo o Alejo se presentan en esta “misión” en la que creo estar. Toco la máquina, veamos que sucederá aho… ¡Wow! ¿Qué sucede?

Okay, parece que no necesité unir los segundos ni nada de eso esta vez (en verdad me alivia, porque ni siquiera sé a que momento era el que quería llegar).

Veo a una señora mayor caminar rápido para que no se le vaya el colectivo, se sube, paga y se apura para ocupar un asiento que casi era usado por un muchacho de unos veinticinco años, treinta como mucho. Vuelvo a mirar hacia delante, pero mi atención al camino es otra vez interrumpida por una señora de aproximadamente la misma edad que la anterior, encontrada en un negocio de ropa, hablando y riendo con otra mujer. En eso, un jean que hace tiempo me había gustado (si no había llamado mi atención completamente desde antes, al menos le había pedido el número, me había encantado) corta mi visión. Siento que me vuelvo a enamorar, como si encontrara algo que había buscado hace rato. Contemplando aquel tesoro anhelado por tanto tiempo, apenas cerca de la realidad estoy para notar que por atrás mío pasa la mujer de tercera edad que acababa de encontrar y había vuelto a perder en la emoción dirigida al jean, quejándose ahora por el tremendo calor que atormenta a toda la ciudad ordenándoles que se queden en sus casas con el aire acondicionado encendido. Al instante, unos gritos con el tono del famoso “¡Auxilio!” asustan a todos allí cerca y me saca a mí de mi grandiosa fantasía (que se vuelve toda negra al saber que no era realmente real). Provienen de más adentro del lugar, y son lanzados por la mujer que hace unos minutitos había compartido carcajadas con esa amigable viejecita que acababa de partir. “¡Mis bolsas, estaban acá! ¡Tenía como cuatrocientos pesos en ropa en mis bolsas!”. Su voz exige contención, alguien que le diga que no pasa nada, que ya las va a recuperar. Pero nadie puede mentirle: una de las chicas que allí trabaja está ahora explicando que vio cómo la señora había agarrado hace cinco minutos aquellas bolsas, pero como la vio charlando tan amigablemente razonó que las dos se conocían… pero no es así…

Muy bien, suficiente espectáculo por hoy, continúo mi viaje, que ya bastante se ha retrasado. Todos los inconvenientes surgidos me dejan pensando; éste último me deja dudando de la primera anciana que vi, tan buenita que aparentaba, y tal vez sólo aparentaba (algo tan fácil: aparentar). Una escapada de nuestro planeta me lleva a otro un poco distinto, pero para nada raro. Estoy en la sala de debates, junto a Sergio, Viejo y Alejo. Mientras Loco y Alejo descansan un rato, Sergio labura como loco (no como Loco, el sólo duerme) registrando información en la máquina del tiempo mediante imágenes en primera persona. Y aquella especie de “videos” fueron vividos por mí, como no darse cuenta si es todo lo que vi hoy... y lo que estoy viendo: el piso; con la cabeza gacha sigo caminando por la vereda, casi llego al la cera de la calle. De la nada saco un grito. “¡Cuidado!” me digo a mí mismo… ¿A mí mismo?

Ya fuera de mi mente, levanto la cabeza… pero es tarde… ¡Dios, qué dolor!”

Acabo de leer esto en la máquina de escribir, aun sin publicar. Recién llego del hospital, al cual entiendo más por qué fui, ahora que veo esto. En él un médico me dijo que “la gente que me vio dármela contra aquel semáforo afirmó observarme totalmente distraído, pensando en algo muy profundamente”. De estas palabras, creo que lo que más le pegó a mi autoestima fue lo del semáforo… ¿tan estúpido soy?

Y lo peor de todo es que sólo por eso fui al hospital. Aunque hay que admitir que el calor afecto bastante mi salud, después de todo mi presión andaba bastante baja.

Repasando lo vivido en el hospital, redescubro un sueño muy peculiar, que si no me equivoco es bastante parecido a lo contado anteriormente. ¿Será por algo?

Una aclaración sobre el título, está bien escrito.

Comentarios o dudas debajo o a sam_y_mas@hotmail.com

Como siempre, gracias por pasarse, vuelvan pronto.